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06 septiembre 2007

EL COMIENZO DE UN LARGO CAMINO

Por Juan Abraham
A modo de recordar, y ya que está al máximo la fiebre preolímpica, es atinado hablar del equipo que clasificó a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Allá por mediados de la década del noventa, la Selección llegó al torneo, organizado en Neuquén, con la ilusión de conseguir una plaza luego de 44 años de estar afuera de la máxima competencia. El entrenador que intentaba dar forma al sueño era Guillermo Vecchio. La expectativa muy grande.
Argentina jugó frente a Venezuela, Uruguay, Bahamas, Cuba, Republica Dominicana, Puerto Rico -campeón- y Canadá, pero el partido que definió todo fue -justamente como en el último certamen- frente a Brasil en semifinales. Se ganó 87-82 y se clasificó. Fue un triunfo histórico para el básquet nacional, aunque luego se perdió la final frente a Puerto Rico por 87-86.
"Esta Selección estuvo integrada por nombres y apellidos que son figuras en sus equipos. Sin embargo aquí eso no se sintió. Pese a que pasamos por momentos delicados en el juego, miramos siempre hacia adelante. De esa única manera conseguimos salir del pozo y hacer realidad este sueño: gracias a la unidad que predominó entre nosotros", contó, por esos tiempos, Esteban Pérez a El Gráfico.
El equipo venía con confianza, ya que había obtenido el oro en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata ese mismo año -derrotó en la final a Estados Unidos 90-86- . Así es como, la alquimia entre el hambre de gloria y la experiencia como grupo generó la vuelta a los primeros planos.

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EL EQUIPO
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- Daniel Farabello
- Marcelo Milanesio
- Juan Espil
- Esteban De La Fuente
- Jorge Racca
- Esteban Pérez
- Marcelo Nicola
- Ernesto Michel
- Fabricio Oberto
- Luis Villar
- Diego Ossela
- Rubén Wolkowyski

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RESULTADOS (récord 8-2)
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83-66 vs Venezuela
79-75 vs Uruguay
86-66 vs Bahamas
78-83 vs Brasil
86-81 vs Cuba
97-75 vs República Dominicana
105-70 vs Puerto Rico
102-95 vs Canadá
87-82 vs Brasil -semifinal-
86-87 vs Puerto Rico -final-

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MÁXIMAS FIGURAS
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Juan Espil --> 21.6 puntos de promedio
Diego Osella --> 8.2 rebotes de promedio
Marcelo Milanesio --> 4.8 asistencias de promedio

05 septiembre 2007

LA CAÍDA DEL IMPERIO

Por Juan Abraham
Se jugaban el invicto. Los dos mejores equipos del torneo eran Argentina y Estados Unidos. Los norteamericanos llegaban con un antecedente increíble: hacía diez años que no perdían un partido con un plantel conformado por jugadores NBA. Por su parte, Argentina intentaba seguir su buena racha en el Mundial de Indianápolis.

El Dream Team enfrentaba al Equipo de los Sueños. Los gobernados desafiaban al imperio. Era casi una utopía pensar en un triunfo. Los motivos eran claros: no se jugaba el pase a ninguna fase -ya estaban clasificados-, los yanquis actuaban como locales y de diez personas sólo media podía pensar que Argentina sería el vencedor.

La historia se definió de manera inesperada. Ya en el primer tiempo una tapa de Luis Scola a Jermaine O`neal anticipó lo que sería la concresión de un hecho histórico. Algunos minutos después las volcadas de Andrés Nocioni y los amagos de Emanuel Ginóbili, desconcertaron a los estadounidenses. El resultado final fue de 87 a 80. La alegría inmensa. Argentina ya era el primer equipo en derrotarlos.


ARGENTINA 87
Juan Ignacio Sánchez 9, Emanuel Ginóbili 15, Hugo Sconochini 7, Fabricio Oberto 11, Rubén Wolkowyski 9 (fi), Alejandro Montecchia 0, Gabriel Fernández 2, Luis Scola 13, Andrés Nocioni 14, Leandro Palladino 7. DT: Rubén Magnano.

ESTADOS UNIDOS 80
Andre Miller 14, Michael Finley 14, Paul Pierce 22, Elton Brand 0, Jermaine O´neal 8 (fi), Baron Davis 7, Antonio Davis 3, Reggie Miller 5, Shawn Marion 4, Ben Wallace 3. DT: George Karl

FECHA: 4 de septiembre de 2002
ESTADIO: Conseco Fieldhouse
ÁRBITROS: Brazauskas (Lituania) y Rems (Eslovenia)

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VIDEO PARA EL RECUERDO
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Mi amigo Tony regaló al mundo entero un excelente video del partido. Pueden ver más en Mundo Tony, su página personal.

28 agosto 2007

CAMINO AL ÉXITO

Por Juan Abraham
Cuando comenzó su carrera nadie imaginó que Andino de La Rioja sería la primera parada de un largo camino de triunfos. El debut de Emanuel Ginóbili en la Liga Nacional y un despegue increíble.


Rubén Wolkowyski intenta tapar a Manu, nunca llegaría.

“Entrá, Sepo”. La orden fue clara. El momento había llegado. Pero no era Sebastián el que debía ingresar, sino el menor de los Ginóbili, Emanuel. El error no se podía disfrazar de casualidad. Era el producto de un largo camino de confusiones, de un “tire y afloje” constante, de una cinchada entre la madre del debutante y el técnico Oscar Huevo Sánchez, quien se encargó de dar el primer paso –fallido, por cierto- a un sueño.
La historia cuenta que Raquel Maccari, esposa de Jorge Ginóbili, nunca quiso que su hijo menor siguiera los pasos de sus dos hermanos mayores: Leandro y Sebastián. Ambos habían llegado a la Liga Nacional de Básquet (LNB) bajo el padrinazgo de Sánchez. Pero Manu –llamado así por su familia y luego ya en todo el mundo-, según su madre, debía ser contador. Nada de aros ni redes. Sin embargo, Huevo se lo quería llevar a Andino de La Rioja. Y no paró hasta conseguirlo. “Me acuerdo que vinieron al estadio una tarde cuando yo estaba entrenando. La cara de Raquel lo decía todo. Me quería matar. Ella siempre tuvo miedo de que le hicieran daño a Manu, lo veía muy flaquito”, recuerda el entrenador.
Pero no sólo la disconformidad se expresó en el rostro de la madre, sino que también en sus palabras. “`A éste no le vas a arruinar la vida´ decía mi mamá. Le prometí que iba a terminar el secundario allá y, al final, la convencí”, cuenta Manu años después. Y agrega: “No sabés lo que fue el viaje. Eran 1500 kilómetros desde Bahía Blanca, dieciséis horas arriba del auto con mi vieja diciéndome `volvé, dale´”.
Finalmente el objetivo se cumplió. La pensión de Andino albergó la fantasía de un chico que anhelaba llegar alto y dio lugar al primer eslabón de la cadena de éxitos que el destino le entregaría. Ahora faltaba lo segundo: el debut. “Mi sueño siempre fue jugar en la LNB”, explica Ginóbili. Y a la corta edad de 18 años, lo logró.
El día elegido fue el 29 de septiembre de 1995. Peñarol esperaba en su estadio –el Polideportivo Malvinas Argentinas- a un joven equipo de La Rioja. Por esos tiempos, nadie imaginaba que ese partido quedaría marcado en la historia del básquet argentino, por lo cual sólo cuatro mil personas disfrutaron del espectáculo. Ni siquiera la familia Ginóbili se encontraba entre las gradas. “No fuimos al partido. Para nosotros no era un acontecimiento muy especial. El había jugado muchos partidos en la liga local y ya estábamos acostumbrados a eso”, relata Jorge, el padre de Manu.
Desde el banco, el bahiense vio cómo el pitazo inicial del árbitro Quesada daba comienzo al encuentro. Estaba ansioso por entrar, aunque sabía que sería difícil: era uno de los últimos suplentes en la rotación. Pero, por primera vez, Ginóbili tomó contacto con ese don que sólo tienen unos pocos: estar en el lugar indicado en el momento justo. El experimentado equipo de Peñarol, con nombres como los de Héctor Pichi Campana y Marcelo Richotti, tomó el control del partido y sacó una diferencia de dieciocho puntos en la primera mitad. Por lo cual, el bajo rendimiento de los titulares de Andino desembocó en los primeros minutos de Manu dentro del rectángulo de juego como profesional.
“Él, prácticamente, no tenía posibilidades de jugar. Pero en ese partido entró y lo defendió al Pichi Campana. Fue increíble, metió como 18 puntos y ya se vio que tenía algo”, rememora Manuel Muguruza, compañero de Manu en ese equipo. Las estadísticas marcan que el bahiense no convirtió 18 tantos, sino sólo 9. Pero la perplejidad de Muguruza ante el juvenil agrandó su recuerdo, una clara marca de la imagen que Manu dejó plasmada en la cancha.
“Estaba desesperado. Entré y ya quería hacer algo. Me acuerdo de que la primera que agarré, la sacudí desde la punta y fue adentro. Me relajó un poco ese tiro”, revela Ginóbili.
La diferencia final fue de casi veinte puntos de ventaja a favor de Peñarol. El primer contacto con la pelota ya se había dado. Y aunque no había sido un buen resultado el obtenido colectivamente, Manu estaba contento con su rendimiento. Había jugado varios minutos y convertido tres triples. Nada mal para un debut. “Nos llamó y nos dijo que estaba feliz porque le habían salido las cosas bien”, narra Jorge Ginóbili.
Pero el torneo siguió. Y ese “juvenil desinhibido” –como lo calificaron los medios gráficos de Mar del Plata- fue cobrando importancia a medida que avanzaron los partidos. De ser uno de los menos tenidos en cuenta, pasó a formar parte del quinteto inicial y ser elegido como la revelación del campeonato. Creció en una temporada lo que a muchos les cuesta varios años y ayudó a su equipo a lograr la mejor ubicación de su historia: el tercer lugar.


“Éramos un equipo muy joven, creo que el más joven de la liga. Teníamos una gran ilusión e hicimos un gran campeonato. Él arrancó de menor a mayor. Pero era tremendamente competitivo, al final le terminó ganando el puesto a Gustavo Oroná”, afirma Muguruza. Y agrega: “Por lo menos en los equipos que jugué yo, nunca hubo un nivel tan bueno. Los suplentes a veces les pintábamos la cara a los titulares”.
Y como el destino le tenía preparado triunfar, vendrían muchas glorias más. Desde aquel viaje en auto desde Bahía Blanca a La Rioja hasta este presente, en que la planilla del primer partido se encuentra enmarcada y guardada como una de las mayores reliquias en la Asociación de Clubes (AdC). Una vez más Raquel Maccari debió darle la razón a Sánchez. Y como bromea él: “Una visionaria la madre, ¿no?”.

14 octubre 2006

LA HISTORIA DEL BÁSQUET


El básquet fue creado el 21 de diciembre de 1891 por James Naismith, un profesor de educación física de la ciudad de Springfield. Las autoridades del colegio en el cual trabajaba le propusieron crear una actividad física para combatir el frío. Debido a esto se crearon 4 principios básicos:

- Debía jugarse bajo techo
- Debía ser dinámico
- No debía generar violencia
- No debía ser especulativo

Cuentan que luego de pensar y pensar no conseguía tener una idea que lo termine de convencer. Por eso a medida que fracasaba cada uno de sus planes, iba tirando los bosquejos al tacho de basura que tenía en su estudio. Esta acción la relacionó con lo que debía hacer, y ahí nació la idea de tirar una pelota a un canasto.
El nombre del deporte todavía no había sido elegido, es por eso que los alumnos propusieron llamarlo Naismith Ball, pero esto no prosperó. El profesor decidió cambiarle su apellido por la palabra “basket” (cesto en inglés), ya que los dos elementos fundamentales del juego serían el cesto y la pelota. Así es como finalmente se determinó que este deporte fuese llamado basketball.
El primer partido de la historia lo jugaron los preceptores contra los alumnos a principios de 1892 y lo ganaron los estudiantes. Cada conversión valía un punto, y como el cesto tenía fondo cada vez que la pelota entraba debían parar el juego para reponerla.
Muy distinto al juego en la actualidad, con la mayoría de las reglas diferentes y con menos velocidad, el básquet había nacido.