42 % EMANUEL GINÓBILI
15 %
- LUIS SCOLA
- OTRO
10%
- ANDRÉS NOCIONI
- PAOLO QUINTEROS
5 %
- JUAN IGNACIO SÁNCHEZ
42 % EMANUEL GINÓBILI
15 %
- LUIS SCOLA
- OTRO
10%
- ANDRÉS NOCIONI
- PAOLO QUINTEROS
5 %
- JUAN IGNACIO SÁNCHEZ
Fecha nacimiento: 16/08/1981
JORDAN: “Juego para ganar, ya sea en un entrenamiento o en un partido real. Y no permito que nadie se interponga entre mí y mi entusiasmo competitivo por triunfar”.
MAGIC: “Cuando busqué nuevos jugadores, nunca elegí a los mejores sino a aquellos que quizás tuvieran menos talento, pero que estaban decididos a trabajar duro porque tenían el deseo de ser grandes”.
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Fecha nacimiento: 29-12-1984.
Foto: Clarín
Si se toman en cuenta los resultados, el récord de Argentina es muy favorable (7-1). En cuanto al desempeño en el campo de juego, no se puede negar que el equipo jugó bien. La figura de Luis Scola creció en cada partido, así como la de Paolo Quinteros, un escolta bajo del que nadie esperaba un rendimiento tan parejo.
Rubén Wolkowyski intenta tapar a Manu, nunca llegaría.
“Entrá, Sepo”. La orden fue clara. El momento había llegado. Pero no era Sebastián el que debía ingresar, sino el menor de los Ginóbili, Emanuel. El error no se podía disfrazar de casualidad. Era el producto de un largo camino de confusiones, de un “tire y afloje” constante, de una cinchada entre la madre del debutante y el técnico Oscar Huevo Sánchez, quien se encargó de dar el primer paso –fallido, por cierto- a un sueño.
La historia cuenta que Raquel Maccari, esposa de Jorge Ginóbili, nunca quiso que su hijo menor siguiera los pasos de sus dos hermanos mayores: Leandro y Sebastián. Ambos habían llegado a la Liga Nacional de Básquet (LNB) bajo el padrinazgo de Sánchez. Pero Manu –llamado así por su familia y luego ya en todo el mundo-, según su madre, debía ser contador. Nada de aros ni redes. Sin embargo, Huevo se lo quería llevar a Andino de La Rioja. Y no paró hasta conseguirlo. “Me acuerdo que vinieron al estadio una tarde cuando yo estaba entrenando. La cara de Raquel lo decía todo. Me quería matar. Ella siempre tuvo miedo de que le hicieran daño a Manu, lo veía muy flaquito”, recuerda el entrenador.
Pero no sólo la disconformidad se expresó en el rostro de la madre, sino que también en sus palabras. “`A éste no le vas a arruinar la vida´ decía mi mamá. Le prometí que iba a terminar el secundario allá y, al final, la convencí”, cuenta Manu años después. Y agrega: “No sabés lo que fue el viaje. Eran 1500 kilómetros desde Bahía Blanca, dieciséis horas arriba del auto con mi vieja diciéndome `volvé, dale´”.
Finalmente el objetivo se cumplió. La pensión de Andino albergó la fantasía de un chico que anhelaba llegar alto y dio lugar al primer eslabón de la cadena de éxitos que el destino le entregaría. Ahora faltaba lo segundo: el debut. “Mi sueño siempre fue jugar en la LNB”, explica Ginóbili. Y a la corta edad de 18 años, lo logró.
El día elegido fue el 29 de septiembre de 1995. Peñarol esperaba en su estadio –el Polideportivo Malvinas Argentinas- a un joven equipo de La Rioja. Por esos tiempos, nadie imaginaba que ese partido quedaría marcado en la historia del básquet argentino, por lo cual sólo cuatro mil personas disfrutaron del espectáculo. Ni siquiera la familia Ginóbili se encontraba entre las gradas. “No fuimos al partido. Para nosotros no era un acontecimiento muy especial. El había jugado muchos partidos en la liga local y ya estábamos acostumbrados a eso”, relata Jorge, el padre de Manu.
Desde el banco, el bahiense vio cómo el pitazo inicial del árbitro Quesada
daba comienzo al encuentro. Estaba ansioso por entrar, aunque sabía que sería difícil: era uno de los últimos suplentes en la rotación. Pero, por primera vez, Ginóbili tomó contacto con ese don que sólo tienen unos pocos: estar en el lugar indicado en el momento justo. El experimentado equipo de Peñarol, con nombres como los de Héctor Pichi Campana y Marcelo Richotti, tomó el control del partido y sacó una diferencia de dieciocho puntos en la primera mitad. Por lo cual, el bajo rendimiento de los titulares de Andino desembocó en los primeros minutos de Manu dentro del rectángulo de juego como profesional.
“Él, prácticamente, no tenía posibilidades de jugar. Pero en ese partido entró y lo defendió al Pichi Campana. Fue increíble, metió como 18 puntos y ya se vio que tenía algo”, rememora Manuel Muguruza, compañero de Manu en ese equipo. Las estadísticas marcan que el bahiense no convirtió 18 tantos, sino sólo 9. Pero la perplejidad de Muguruza ante el juvenil agrandó su recuerdo, una clara marca de la imagen que Manu dejó plasmada en la cancha.
“Estaba desesperado. Entré y ya quería hacer algo. Me acuerdo de que la primera que agarré, la sacudí desde la punta y fue adentro. Me relajó un poco ese tiro”, revela Ginóbili.
La diferencia final fue de casi veinte puntos de ventaja a favor de Peñarol. El primer contacto con la pelota ya se había dado. Y aunque no había sido un buen resultado el obtenido colectivamente, Manu estaba contento con su rendimiento. Había jugado varios minutos y convertido tres triples. Nada mal para un debut. “Nos llamó y nos dijo que estaba feliz porque le habían salido las cosas bien”, narra Jorge Ginóbili.
Pero el torneo siguió. Y ese “juvenil desinhibido” –como lo calificaron los medios gráficos de Mar del Plata- fue cobrando importancia a medida que avanzaron los partidos. De ser uno de los menos tenidos en cuenta, pasó a formar parte del quinteto inicial y ser elegido como la revelación del campeonato. Creció en una temporada lo que a muchos les cuesta varios años y ayudó a su equipo a lograr la mejor ubicación de su historia: el tercer lugar.
“Éramos un equipo muy joven, creo que el más joven de la liga. Teníamos una gran ilusión e hicimos un gran campeonato. Él arrancó de menor a mayor. Pero era tremendamente competitivo, al final le terminó ganando el puesto a Gustavo Oroná”, afirma Muguruza. Y agrega: “Por lo menos en los equipos que jugué yo, nunca hubo un nivel tan bueno. Los suplentes a veces les pintábamos la cara a los titulares”.
Y como el destino le tenía preparado triunfar, vendrían muchas glorias más. Desde aquel viaje en auto desde Bahía Blanca a La Rioja hasta este presente, en que la planilla del primer partido se encuentra enmarcada y guardada como una de las mayores reliquias en la Asociación de Clubes (AdC). Una vez más Raquel Maccari debió darle la razón a Sánchez. Y como bromea él: “Una visionaria la madre, ¿no?”.

Quizás nunca lo pensó. Tal vez lo determinó mediante un gran análisis previo. Lo cierto es que en la carrera de Oscar Furlong se puede encontrar y destacar un factor común: la visión de futuro. Desde sus comienzos en Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque (GEVP) -primer hogar-, supo dejar marcado el parqué que lo vio nacer. Allí gestó el talento que lo luego lo llevó a cosechar una carrera plagada de logros, repleta de triunfos y, por sobre todas las cosas, inmensamente llena de respeto.
"Fui técnico de él en GEVP y luego en la Selección. Puedo asegurar que siempre fue un deportista destacadísimo", remarca Jorge Canavesi, el técnico del equipo argentino campeón del mundo en 1950. Pero a la hora de hablar de Furlong, Canavesi no esconde ningún elogio. Pese a la distancia en el tiempo, recuerda cada una de sus características: "Era un jugador muy táctico y un gran estratega. Buen distribuidor de juego y excelente rebotero, aunque no era demasiado alto".
Así es como, gracias a su magia, se consagró en el primer mundial de la historia del básquet, organizado en Argentina. En la final gastó el balón a más no poder. Convirtió veinte puntos y dejó rendido a sus pies a un confundido equipo norteamericano. El resultado fue 64 a 50 y el récord total del campeonato de 5-0; pero eso sólo es una muestra del increíble trabajo que desplegó el seleccionado en el torneo. "La clave fue la preparación física", explica Canavesi. Y agrega: "Furlong jugaba un básquet moderno, fue un adelantado para la época".
Luego de un gran desempeño en el básquet estadounidense -donde jugó en la universidad de Dallas-, debió volver al país por la muerte de su padre y hacerse cargo de la empresa familiar. Aquí había sido suspendido tras ser declarado profesional -en esa época todo debía ser amateur-. Por lo tanto tuvo que buscar un nuevo deporte y el tenis fue el elegido: "Jugaba desde muy chico en el Tenis Club Argentino, pero como en Gimnasia teníamos un equipo de básquet extraordinario me decidí por la naranja", contó Furlong en una entrevista de la revista Sólo Tenis. Y aunque muy pocos logran triunfar en dos deportes diferentes, Furlong lo consiguió. Fue un aceptable doblista y llegó a estar séptimo en el ranking nacional. "El básquet era su pasión, pero en el tenis fue un buen jugador, aunque en una época de un tenis de cabotaje e interno", resalta el periodista Luis Hernández.
Pero su mayor huella no la dejaría dentro de los límites de la cancha, sino que sentado en el banco. En 1966 Enrique Morea le ofreció ser capitán de la Copa Davis y él aceptó. Nadie podía imaginar que ese sería el comienzo de un gran cambio en el tenis argentino. "Le puso profesionalismo al equipo. Entrenamientos continuos, nada de mujeres, horarios de cena y de descanso. Le imprimió una mayor seriedad a la disciplina", analiza Hernández. Durante su mandato promovió nombres de la talla de Guillermo Vilas y José Luis Clerc, además de convivir con Ricardo Cano y Julián Ganzábal, entre otros.
Según dicen los expertos, Vilas respetó muchísimo a Furlong y aseguró que fue el único capitán, en serio, que tuvo en la Davis. También explican que cuando la puerta del vestuario se cerraba, Pillín -como lo llaman los amigos- daba muestras de su gran carácter y voz de mando. Lo cual se refleja en la historia, ya que fue capaz de suspender a Vilas. "Tenía un concepto muy amplio del tenis gracias a su anterior experiencia con el básquet. Sabía lo que era la presión y lo que era competir. Por eso cambió el concepto: fue el Menotti del tenis", sentencia Hernández.
Talentoso por donde se lo mire, triunfante donde se lo propuso; dejó su marca en el deporte nacional. Gracias a su virtuosismo deportivo, el Luna Park y el Tenis Club Argentino tienen algo en común con lo cual llenarse de orgullo: lo vieron jugar a Oscar Furlong.
Agradecimiento especial por la ayuda a Osvaldo Ricardo Orcasitas

1 - Oscar Furlong
- Un gran estratega.
2 - Un motivo del título
- Jugabamos un estilo muy avanzado para la época.
3 - Una característica de la Selección de 1950
- La velocidad
4 - Las figuras
- Oscar Furlong y Ricardo González
5 - La clave
- El gran entrenamiento previo
6 - El tipo de entrenamiento
- Muy avanzado e intensivo: seis horas diarias.
7 - El juego
- De un estilo muy moderno
8 - Un buen rebotero
- Oscar Furlong
9- Ricardo González
- Un gran saltador
10- Tu especialidad
- La preparación física
URUGUAY
al repechaje.
Durante la temporada 2001/2002 en Estudiantes de La Plata

"Debo seguir trabajando. Tomé el 2006 como un año de adaptación. Me sentí reconocido; el medio me resulta más familiar. Pero soy ambicioso y tengo ganas de aportarle más al equipo", se propuso Fabricio Oberto al cierre de su primer año en la NBA. Y vaya si lo logró.
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